Anduve casi una semana perdida entre las fantasías de un libro; el corazón en vilo siguiendo la historia de una vida, una pasión, una obra.
Estuve leyendo Leonora, la más reciente producción de Elena Poniatowska , que obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2011 otorgado por Seix Barral. Una vez más la escritora mexicana investiga y escribe sobre una mujer, y mezcla la biografía junto con la ficción para regalar a sus lectores un gran libro.
Leonora (Poniatowska, E. 2011, Seix Barral ) es una recreación de la historia de la pintora del grupo de los surrealistas, Leonora Carrington (1917-2011), quien desde muy joven huyó de la seguridad y riqueza de su familia en Inglaterra para perseguir el sueño de pintar sus extravagantes visiones. Estuve leyendo Leonora, la más reciente producción de Elena Poniatowska , que obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2011 otorgado por Seix Barral. Una vez más la escritora mexicana investiga y escribe sobre una mujer, y mezcla la biografía junto con la ficción para regalar a sus lectores un gran libro.
Poniatowska logra adentrarse en la mente exaltada de la niña que choca de continuo con todas las normas de conducta de la familia, la escuela y de su clase social. Desde el inicio mismo del libro, Leonora declara estar escribiendo su manual de desobediencia y pone de manifiesto su personalidad fuerte y su rebeldía incurable.
A lo largo de la obra acompañamos a la joven Leonora por Londres, Italia, París, donde se reúne con el grupo más selecto de artistas de la época: Max Ernst (quien fue su amante por varios años), Breton, Duchamp, Dalí, Picasso, Tanguy, Miró y otros muchos. Leonora, pinta pero también escribe. Su belleza, inteligencia y carácter la convierten en un tesoro para el grupo.
La guerra la separa de Max, quien estuvo prisionero en un campo en Francia; Leonora enloquece y va a dar en su huída a España, donde la internan en un manicomio de Santander. Un tiempo después, en Lisboa, se encuentra con el poeta y periodista Renato Leduc y se une a él en matrimonio, escapando hacia México, país que generosamente dio refugio a muchos artistas e intelectuales que huían de la guerra, el encierro o una muerte segura.
La inglesa se queda en México, donde se rencuentra con viejos amigos de París, como la española Remedios Varo. Allí, a pesar de las diferencias culturales, crea su obra y echa raíces. Separada luego de Renato, tuvo dos hijos del matrimonio con el fotógrafo húngaro Imre Weisz (Chiki, en México) y se dedicó a ellos y a su obra con renovado fervor.
En su casa de México la visitó varias veces Poniatowska para conversar y dar vida a su libro. Ninguna de las dos sabía entonces que, muy poco tiempo después de la publicación de éste en febrero del 2011, moriría Leonora (en mayo de este mismo año) “la última de las surrealistas”. A su muerte deja una obra pictórica, literaria y escultórica impresionante.
La presencia del huevo como motivo y símbolo en el arte surrealista es bien conocida. Lo encontramos, por ejemplo, en algunas pinturas de Ernst, en las de Remedios Varo, a lo largo de toda la creación de Dalí. La Carrington también lo usó como motivo en varias de sus obras pobladas de personajes misteriosos, peces y pájaros.
Pero este post no se refiere especialmente a los huevos como objeto pictórico, sino como alimento en la cocina. En la novela Leonora no faltan las alusiones a la comida; de hecho, Poniatowska nos dice que a Leonora le gustaba cocinar y que lo hacía excelentemente. En la casa de la provincia francesa de St. Martin que habitó con Max, cultivaban hortalizas y Poniatowska la describe en la cocina:
"Con sus dedos, Leonora saca chícharos de sus vainas, basuras de los frijoles y de las lentejas, las nueces. Sus manos son más que hábiles, son sabias. Van y vienen como si echaran carreras y nunca se equivocan, no se lastiman ni al rebanar la punta de los ejotes o hacer rueditas de zanahorias." (Seix Barral, 2011, p.150)
En Nueva York, mientras espera con Leduc el momento de partir hacia México, Leonora sorprende a todos con sus platos, “invita a comer a Breton y a Marcel Duchamp y les sirve un conejo relleno de ostiones.” (Seix Barral, 2011, p.269)
En México, se arma de metates y molcajetes y aprende a hacer tortillas y moles. Cuando Maurie su madre la visita, Leonora la asombra con los alimentos nuevos que introduce en sus comidas: papaya en el desayuno, naranjas y huevos a la mexicana. Sobre éstos dice Maurie:
-Nunca había probado tal delicia. Arrancar el día con un desayuno mexicano es un regalo del cielo. (Seix Barral, 2011, p. 360)
Y tan cierto es, que la lectura me ha movido a prepararme unos huevos rancheros. Aquí los dejo con la lista de ingredientes para lograr tan celestial regalo.
¿Se animan?




5 comments:
Muy interesante post, Violeta. Tengo que reconocer que no conocía los trabajos, obras y milagros de Leonora Carrington. En la primera lectura de tu entrada, creí que te referías a Dora Carrington, la gran amiga de Lyton Strachey y Gerald Brennan, pero claro, pronto me dí cuenta que no era posible, porque la Dora se pegó un tiro en los años treinta, mientras que tú cuentas que la Leonora ha muerto hace cuatro meses.
Gracias por iluminar el cerebro de los tarugos como yo.
No te angusties por ello; yo tampoco la conocía hasta que descubrí por medio de un amigo mexicano, el libro de Poniatowska. Conocía la obra de Remedios Varo y me encanta su mundo, pero de Leonora no sabía nada hasta la lectura del libro y me apena tanto como a ti, porque justamente buscando su obra en Internet descubrí también la noticia de su muerte.
Pero es mejor tarde que nunca, ¿no crees?
He llegado aquí siguiendo el nombre del blog: el " contigo pan y cebolla. ", muchas veces se convierte en " cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana."
Pediré "Leonora" en la biblioteca, vaya vida apasionante, y lo del conejo relleno de ostiones, me ha dejado muerta, me harté de ellos en un viaje a Panamá,un "mar y montaña" perfecto.
Encantada de encontrarte, saludos.
....y esos huevos a la mexicana, por favor, rozan la perfección....
Gracias, miren, muy amable! Ya he visitado también tu interesante blog.
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